vida comiquera by Fabio Blanco

viernes, noviembre 19, 2004


NUNCA TUVE UN CENTAVO... DE LA SUERTE.

Es una de mis frustraciones, no haber tenido nunca una moneda de 10 centavos que pudiera atesorar como un amuleto bajo una cúpula de cristal. Claro, tampoco tengo una bóveda con 3 hectáreas cúbicas de monedas en las que zambullirse, hacer túneles como un topo y arrojar algunas al aire para obtener una ducha de plata sobre la cabeza.

Scrooge McDuck (Tío Rico) ganó su moneda a los 10 años, en su primer día como lustrabotas y tras limpiar unos botines increíblemente sucios de barro. La moneda era americana y el pequeño Scrooge pensó que lo habían estafado, pero la guardó como un recuerdo de que tenía que ser avispado y que el trabajo duro tenía su recompensa, aunque mas no fuera esa lección. Justamente es ese fanatismo por el trabajo duro, el que le consiguió a Scrooge su fortuna y no la moneda. Si la moneda tiene algún poder, lo sabrá Magica De Spell, la bruja que siempre intenta robarsela. Es el ingrediente de un hechizo que quiere realizar desde su primera aparición. Pero si la moneda no fuera de Scrooge, si no la hubiera conservado a través de años de hacer todo tipo de trabajo en todas partes del mundo, la moneda no valdría nada.

Alguna vez Carl Barks dijo que era mentira que Scrooge McDuck promoviera el capitalismo. Explicó que es todo lo contrario, él guarda su dinero para nadar en él, cada moneda es su juguete. Para el capitalismo eso es fatal, la plata debe circular para que funcione.

Estos pensamientos pasan por mi mente por las razones obvias (obsesión con el comic) y porque ultimamente leo por lo menos una historia de los patos por día, ya sea de Barks o de Don Rosa. Y porque me acuerdo con frecuencia de los autores del panfleto "Para leer al Pato Donald"... o mejor dicho, me acuerdo de las madres de los autores, je je je.

¿Un mate cocido? ¿Por qué no?