vida comiquera by Fabio Blanco

domingo, mayo 15, 2005

HISTORIA RASGADA

Tengo mis comic-books en cajas de cartón, de esas que vienen para armar y que están seguramente pensadas para guardar carpetas o documentos de oficina. Algunas de estas cajas rebosan de hojas de Anteojito: una caja tiene todo lo que pude recuperar de Sónoman y de Pi-Pío.

De Sónoman tengo –además de mucho de lo que llegué a leer cuando mi abuela me compraba Anteojito cada semana— bastante de lo que apareció en épocas inmediatamente anteriores, como por ejemplo una historia completa donde el villano es Bagalini (de un Anteojito saqueado del jardín de infantes adonde iba mi hermana, por suerte las monjitas no me vieron). Por haber saqueado el galpón en casa de mis primos, quizás me vaya al infierno, pero pude saber de Gulfo, uno de mis personajes favoritos. E incluso, tengo un par de páginas de la que creo que es la primera aventura de Sónoman, una donde reviven al Discóbolo para que robe bancos y Sónoman no puede atacarlo porque si lo hace podría destruir uno de los patrimonios culturales de la humanidad.
Según tengo entendido, mi ex compañero de colegio Roberto Cubillas tiene una colección parecida. ¿Por qué hojas y no ejemplares enteros? Es algo que hay que responder con apoyo de por lo menos Sigmund Freud y muchas galletitas con queso Adler (¡qué chiste más culto!).
Las respuestas varían desde “ya no hay lugar para meter tanta revista” (una madre) hasta “te la pasas leyendo revistas de Tarzán” (un tango).

En fin, en otra de esas cajas, están las hojas arrancadas correspondientes a Pi-Pío. Esta historieta a razón de una página por semana aparecía en Anteojito, cumplía todo un ciclo de aventuras y volvía a empezar, porque en realidad era la historieta que Manuel García Ferré había escrito y dibujado para Billiken y que se había traído a su propia revista junto con Pelopincho y Cachirula, aunque no se si habrá sido al mismo tiempo.
Pi-pío es importante para la gestación de los personajes posteriores de García Ferré. Allí aparecieron los prototipos de Hijitus (el egipcio Gregorio) y de Oaky (parte de la banda de Guante Blanco). Pero además es genial, con su tan bien balanceada mezcla de nonsense y aventura.

La única vez que tuve en mis manos una página de Pi-Pío publicada en Billiken descubrí que Calculín se llamaba originalmente Formulín. Mas adelante descubriría (gracias a pequeños olvidos en las planchas) que personajes secundarios como Perejil II (una mezcla de Paul Gauguin y el Kurtz de El Corazón de las Tinieblas) habían cambiado de nombre, pero eso es parte de la investigación que yo decía el otro día y que nos debemos.

Y ahí está el tema. ¿Qué hacemos con esas hojas, cuidadosamente guardadas? ¿Será ese el material al que tendremos que acudir cuando queramos una edición en libro de esas historietas? Entre los pocos coleccionistas que las habremos guardado… ¿Las tendremos todas? Porque para recuperar las ajadas páginas de Chick Bill o Corentin y tornarlas prístinas ediciones, los tenemos a los belgas, que realmente trabajan en eso. Mientras tanto que hago yo con mis rasgados archivos de Los Bori-Bor?

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Loko skaneate algo de sonoman y subilo, es iconseguible!!!!!

4:31 p. m.

 
Anonymous Anónimo said...

En efecto, el primer episodio de Sonoman es el del Discóbolo: el villano tiene una máquina que da vida a las estatuas. Tengo todo ese episodio, así como el de Gulfo, el del castillo Transilvano, el del profesor Homero (extraordinario), el del Sonotutú (en Australia, con un profesor) y el de la tribu de los Sonos, con la periodista Oriente Lin.

2:27 p. m.

 

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