vida comiquera by Fabio Blanco

martes, julio 19, 2005

RUTA 32

Una de mis costumbres de comiquería, desde que conocí Promethea, fue llevarme a casa el ejemplar que hubiera llegado, incluso si se trataba de un back issue (sí, un número atrasado). Promethea sigue siendo uno de mis comics favoritos, por lo inteligente, por lo original e incluso por lo arduo que resulta leerlo. Sé de gente que lo dejó muy ofendida porque no condenaba del todo la figura de Aleister Crowley, por ejemplo. Pero Promethea siempre fue y seguirá siendo un símbolo de tolerancia.

El número 32 y final es muy particular. La historia terminó en el anterior y este es como una charla, un discurso de despedida entre el personaje y sus lectores. Está armado de manera que, desplegado, el comic se vería como un poster de dos caras (una de las cuales pueden ver en la ilustración). Esa es una manera de leerlo. Esa es una manera de leerlo que ninguna persona amante de los comics aceptaría. Uno a veces quisiera haber comprado un ejemplar supernumerario cada vez que se tienta y saca un poster central.

Es cierto, había otra edición que venía con los posters pero era carísima. Y yo no pago por hacer... eh, quiero decir que no pago de más por leer un comic. No soy un ávido coleccionista, soy apenas un lector cuidadoso y un curador de museo en pantuflas.

Así que me dispuse a leer mi ejemplar de Promethea #32 en la forma que fuera: cada página tiene a Promethea monologando, más un par de pastillas con datos relacionados. A cada página corresponde un número, una esfera del Árbol de la Vida, un color, un camino del Tarot.

Rebusqué en la revista la página marcada con el 1 y comencé una lectura en la que revolvía de izquierda a derecha buscando el número correspondiente. Pero había una página que no lograba encontrar. Ahora no recuerdo cuál, pero de todos modos, abandoné ese método.

Recordé entonces a los que habían fracasado intentando leer así Rayuela y comencé desde la que sería la página 1 del comic, salteándome las que están de cabeza (sí, hay páginas en un sentido y en el otro) para leerlas luego. O sea, el plan era llegar al final del comic-book darlo vuelta y seguir leyendo camino a la portada. Pero esa lectura no me termina de convencer: pispeando la última página que me tocaría leer no veo un gran finale, se ve todo como a mitad de camino.

Así que esperaré unos días y volveré a empezar. Esta vez voy a leer todo del comienzo al fin, como cuando Alan Moore y J.H. Williams III me endilgaban una de esas viñetas con forma de cinta de Moebius y yo giraba la revista como un loco, para diversión de los pasajeros del transporte público y para preocupación de mis familiares y amigos. Creo que va a ser lo más acertado, antes de que desarme realmente el comic-book y lo despliegue en el piso. En realidad el trabajo de José Villarrubia merece verse en su totalidad. Estos posters deberían estar en todos lados, como la cara del Che Guevara.

¿Ven esos rectangulitos en el poster? Son las páginas del comic-book. Hay algunos incipientes comiqueros que podrían sentir un poquito de miedo pánico al ver algo así de complejo. Corran, traiganlos acá de nuevo y explíquenles que están experimentando la emoción equivocada: que intenten con el orgullo y la fascinación.

Mmm... qué sueño! Día para cortarse el pelo y comprar algunas revistas apaisadas.
Au revoir!